El orgullo de ser y amar como queremos

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Fotos tomadas de los perfiles personales de Facebook de les entrevistades.

Para millones de personas en el mundo, el “Orgullo” es una fecha, una marcha / fiesta, que recuerda la primera ocasión –al menos internacionalmente famosa- en que la comunidad LGBTIQ+, harta de tanto abuso policial, se rebeló contra la estructura represiva en el neoyorquino bar Stonewall.

En Cuba, que durante años estuvo alejada de la cultura hegemónica construida alrededor de nuestros colectivos, donde incluso la iconografía cuir es con frecuencia desconocida, el acceso a la información a través de Internet, por ejemplo, ha abierto una nueva era de significados y conmemoraciones a los que se suma la celebración del 28 de junio.

Este día se une entonces a otras fechas importantes para la comunidad LGBTIQ+ cubana, que, en última instancia, no debe olvidar que el orgullo se construye diariamente, a través de la afirmación y la celebración de nuestras identidades, y que constituye una herramienta esencial para reconocernos como seres humanos plenos, merecedores de derechos y con toda la dignidad para exigir su garantía.

En Q de Cuir quisimos saber qué significa esta celebración para diferentes integrantes de nuestros colectivos y cómo lo viven desde el activismo o, sencillamente, desde su propia cotidianidad.

Desde que Yivi Cruz, pastora de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Matanzas, comprendió que sentía amor y deseo hacia las mujeres, supo que su vida sería una lucha eterna por derechos de las personas con una sexualidad diferente.

“En mis raíces tengo sangre de guerrera: mi abuelo es un Héroe de la República de Cuba que dio su vida en defensa de los campesinos, mi padre es juez y abogado, mi madre es doctora al servicio de las personas más vulnerables y mi abuela, una guajira sencilla, me enseñó desde pequeña el lema insignia de todas mis batallas: Haz bien y no mires a quién”.

“El orgullo para mí es representar a una comunidad vulnerable, que durante la historia ha sido condenada e irrespetada, pero junto a la cual ayudo a construir un camino donde la justicia reina con amor. Esa idea hace que no pierda la fuerza, que saque mi estirpe de guerrera y siga batallando para que podamos vivir con orgullo y con derechos una sexualidad plena y abundante en el reino de Dios que nos ha tocado vivir en este siglo XXI”.

Según Ihasmani Leal, actor y transformista, él vive el orgullo cada día a través de su arte, que emplea para sensibilizar a la sociedad, sin imponer criterios como muchas personas creen, sobre las personas LGBTIQ+. Asegura que todo el mundo es parte del mismo pueblo, aunque cada cual lleve en el alma un color diferente.

Para Danelys Machado, una joven tatuadora de La Habana, el orgullo LGBTIQ+ significa la posibilidad de expresarse como es y no sentir temor de amar a las personas por cómo y quiénes son. “Significa que el mundo entienda que amo almas no cuerpos, que veo estos solamente como los envases de esas almas que me enamoran y que la gente reconozca los derechos de mi comunidad y la igualdad de nuestro amor”, explica.

Cuenta que todavía tropieza con personas que no entienden su identidad y su manera de amar. “Eso dificulta que te vean como una persona normal, por el contrario mucha gente confunde el hecho de ser bisexual con que te da lo mismo cualquier cosa o que no sabes lo que quieres”.

“Sin embargo, yo vivo orgullosa de lo que soy y prefiero una y mil veces la manera en la que amo. En definitivas, si lo pienso, tengo el doble de posibilidades de encontrar pareja”, confiesa mientras ríe divertida.

Lidia Romero, abogada y activista por los derechos humanos de las personas con identidades sexuales y de género no hegemónicas, responde convencida que, para ella, el orgullo LGBTIQ+ “significa vivir con la convicción de que todas las personas han nacido libres e iguales en dignidad y derechos. Significa entender la diversidad en su dimensión amplia. Entender que la Patria es de todas y todos independientemente de posiciones políticas, ideológicas y colores arcoíris”.

“Vivo mi identidad y mi orientación sexual con el orgullo de saberme una mujer que ama la vida, que se enamora de las almas, que busca en el amor la complicidad y lo vivo con naturalidad. Solo dejo que mis sentimientos fluyan”, afirma.

Vive el orgullo además a través de su activismo social y en ese sentido considera que “para lograr una Cuba participativa y democrática mi activismo parte de un discurso basado en derechos humanos. Y con este la exigencia al gobierno cubano del cumplimiento de sus compromisos adquiridos en virtud de los tratados internacionales que ha firmado y/o ratificado. Apuesto por la creación de una comunidad, de un movimiento LGBTIQ+ y por la articulación de grupos e individuos con sexualidades no heteronormativa”.

Por su parte, Jesús Fernández no cree que el orgullo sea solo salir a la calle un día, y gritar, y alzar banderas, sino que “se trata de estar conscientes de que somos seres humanos dignos y que necesitamos visibilidad, no un día o un mes en el año, necesitamos que se nos trate con respeto, que nuestras realidades sean motivo de análisis por el gobierno y las autoridades”.

Asegura que sentir orgullo de quiénes somos es también saber que nos corresponde luchar por nuestros derechos, educar a la gente en nuestro entorno. “En mi peluquería hablo de igualdad, de aceptación y de integración con mis clientes. Tengo mi bandera de arcoíris en medio del salón: soy quien soy y no me avergüenzo ¡¡¡estoy orgulloso!!!”.

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