A la velocidad de los tiempos

Por Ulises Padrón Suárez

Ilustración por Brady Izquierdo

El cronograma legislativo no prevé a corto plazo aprobar el Código de las Familias, y demuestra una vez más la desconexión del gobierno con el pueblo. El presidente Miguel Díaz-Canel ha puesto el énfasis en los irresolutos problemas económicos, a costa de aplazar cuestiones sociales, que además se contemplan en la nueva Constitución.

Resulta irónico el reciente artículo del periódico Granma sobre el Código de las Familias. Tan parcial como todo lo que hace. Para ello, ha pedido la vetusta opinión de un catedrático en la materia, para que sea aún más incuestionable. Se ha descubierto el agua tibia: la familia es más que el matrimonio. El profesor Leonardo Pérez Gallardo dixit, celebra el periodista. Ha buscado un jurista para enterarnos de una verdad como un témpano. Sin embargo no dice nada nuevo y llueve sobre mojado. Y tanta lluvia retrasa legislar en correspondencia con la ciudadanía. Lo curioso es que hay cuatro años para presentar un enjundioso código. El proyecto está destinado a envejecer en la espera.

El matrimonio igualitario es un derecho ya refrendado en la Constitución. El referendo al que se sometería el Código, mecanismo técnico, expresa la poca voluntad política para hacer justicia real. El artículo 42 al reconocer la no discriminación por orientación sexual e identidad de género anularía cualquiera impedimenta para que dos personas independientes de sus identidades puedan jurarse amor eterno. La ralentización justifica la presión de grupúsculos religiosos que en su afán homofóbico han olvidado el ministerio de Cristo, por el que tanto se rasgan las ropas. Este aplazamiento de cuatro años desde el 2018 evidencia la invisibilización de un sector históricamente vilipendiado, ninguneado con el cual el Estado no se siente con responsabilidad política, porque como dirían las feministas “lo que no se menciona, no existe.”

En su discurso, Díaz-Canel deja claro que la discriminación no es de Estado sino parte de una cultura machista que pervive en la sociedad. Una defensa a ultranza de la benevolencia del gobierno, como si esa cultura no perviviera en contubernio con el Estado, en los silencios y vacíos jurídicos. El machismo sacrosanto de nuestra cultura se legitima en las estructuras del gobierno. ¿Dónde está una ley integral contra la violencia de género, a pesar de la petición hecha a la Asamblea del Poder Popular? Silencio cómplice. La arbitrariedad del gobierno se inclina como la Torre de Pisa pero no precisamente a las mujeres y menos a los gays, lesbianas y trans.

Nuestros 605 diputados eligieron a propuesta del presidente un primer ministro sin funciones. Un cargo sin cargo. Hay que legislar sobre sus funciones, pero a nadie parece preocuparle. Solo una diputada se preocupa porque se le informe a la población el cronograma (no que el primer ministro no tiene trabajo). Un ministro sin funciones es algo como títere sin cabeza, pero que dos hombres se casen, eso puede esperar.

En el pasado Referendo parecía que se ganaba en actuación política y el parlamento expresaba la diversidad que existe en la sociedad. El famoso artículo 68 ante posiciones extremas desafió la unanimidad política e impugnó el laissez faire jurídico tradicional. Pero el futuro siempre será promisorio. Para qué preocuparse por el presente. El bloque monolítico de nuestros diputados se fragmentaba para volverse a recomponer en el parlamento. Las intervenciones del diputado más joven eran de una rareza a tal punto que su curul quedó liberado recientemente. Ya no estuvo más para defender el matrimonio igualitario en la última legislatura. El cometa Halley pasa cada 76 años.

A diferencia de los grupos religiosos que han sabido dejar de lado sus posturas doctrinales, el movimiento LGBT, que algunos se cuestionan, no ha sabido organizarse para demandar sus derechos. No tiene un capital político que gestione sus demandas ante el Estado. Ya se sabe de quién son las ganancias a río revuelto. No hay frente común. No hay convención ni lecturas en El Malecón. Los que están con Mariela, están con Mariela y los otros están pagados por los Estados Unidos. Esta desconfianza a priori le sirve a un sector reaccionario que, no es la iglesia solamente, tiene fuerte influencia en el gobierno de este país. A nombre de los valores patrios y el socialismo se hace de todo, todo lo que no es marxista ni martiano.

La economía es la palabra de orden, no el matrimonio. Capaz de que peque de retrógrado, asimilacionista y heteronormativo. Tal vez el Estado va más adelante y yo me quedé atrás. No nos sorprendamos si Pérez Gallardo en una futura Mesa Redonda anuncia la muerte del matrimonio y se reconozca cualquiera unión, sin necesidad de velo, anillos ni papeles. Pero mientras eso no suceda que el gobierno vaya a la velocidad de los tiempos.

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